Mi nombre es Natxo Hormaechea Bayo, originario de Getxo (Vizcaya) y afincado en Madrid donde he pasado la mayor parte de mi vida, aunque mi corazón reside en Algorta, el barrio getxotarra en el que se desarrolló mi infancia.
Desde pequeño he estado rodeado de estímulos que, a la postre, han determinado varias de las dedicaciones profesionales que he desarrollado durante mi vida.
Quizá la más temprana ha sido la radio, siempre presente en la cocina, y que nos acompañaba desde el desayuno hasta la tarde. Recuerdo que la cadena que escuchábamos principalmente era Radio Popular de Bilbao. Y música, mucha música.
También de niño tuve mi primer accesorio de magia. Era una copita con una bola que retirabas y mágicamente volvía a aparecer en la copa. Eso, y la influencia del gran maestro Juan Tamariz me empujaron a practicar el ilusionismo.
Y, en la misma época, tuve dos juegos de marionetas de las de meter la mano por debajo: Los tres cerditos y el Lobo y otro con Popeye, Olivia, Brutus y 'Pilón', el amigo que se pasaba el día comiendo hamburguesas.
Con ellas empecé a crear funciones teatrales, poniendo distintas voces, haciéndolas asomar por el respaldo de un sillón para solaz de la familia.
En cuanto a la fotografía, fue con motivo de mi Primera Comunión que recibí una cámara Kodak, de aquellas cuadraditas, con la que empecé a hacer mis pinitos hasta llegar a la actualidad como fotógrafo de conciertos.
La afición al teatro tiene su miga. En casa de mis abuelos se veía mucho teatro en la televisión, en programas como Estudio1. Y "como el teatro el bueno" me dejaban ver las obras, tuvieran los rombos que tuvieran.
Y así fue como viendo a aquellos grandes actores y actrices que me entró el veneno del deseo de ser actor. Fue, sobre todo, por la forma de declamar de Manolo Galiana y por la obra de Alejandro Casona "La tercera palabra", interpretada por Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo.
Con los años entré en la compañía de mi querida Eperanza Lemos que me llevó a representar a Hamlet, en inglés, en la Gran Vía madrileña (o algo parecido)
Con todos esos antecedentes no es de extrañar que me haya dedicado profesionalmente a la radio, la magia, el cine y teatro, y la fotografía. Campos en los que se me conoce por distintos nombres o apodos: Patrick O'Malley, El Jinete Pálido o El Peli.